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Salud Emocional y Crianza Positiva – Dra. Carmen Márquez Perez

El impacto de la violencia intrafamiliar en nuestra niñez.

Dra. Carmen Márquez Pérez, sicóloga y Autora

La violencia familiar y el maltrato es un problema social que impacta a todos los sectores de la población, incluida la niñez y jóvenes.

Dicha violencia no se inicia normalmente con agresiones físicas sino con comportamientos y maltrato emocional y de violencia sicológica. Esto favoreciendo el control y el abuso, sin que en muchas ocasiones el varón y/o mujer tenga el conocimiento de estar ejerciendo violencia y maltrato o la mujer y/o varón tenga conciencia de estar sufriendo dicha violencia.

Las familias son la base para el desarrollo social, psicológico y emocional para nuestros hijos. Alimentando la confianza, estima y seguridad y estableciendo personas emocionalmente saludables.

 

Es preocupante todo lo que estamos viviendo y más aún la violencia intrafamiliar y el maltrato que se ha disparado en nuestro país contra nuestra niñez.  Podemos pensar que se ha normalizado la violencia y lo estamos viendo como algo natural.  A veces se escucha decir: “tienen un carácter fuerte, pero son buenas personas”.

También vemos como se han normalizado:

  • los gritos
  • peleas
  • discusiones
  • y hasta agresiones físicas en presencia de nuestra niñez.

Nuestros niños que, a pesar de los malos tratos recibidos, quieren a sus padres, o tutores. Esta coexistencia de violencia y amor hace que esa niñez crezca aprendiendo que la violencia es aceptable. Por ello uno de los mitos que hay que superar, es que la violencia de género sólo forma parte de los conflictos de pareja.

A través de los años se ha demostrado que el maltrato a la mujer y/o al hombre se extiende a sus hijos e hijas, afectando negativamente su bienestar y desarrollo, con secuelas a largo plazo; llegando incluso a transmitirse a sucesivas generaciones.

Se ha observado en los muchos escritos de la violencia intrafamiliar, que esta tiene un impacto en:

  • la ejecutoria académica de la niñez.
  • sus destrezas cognitivas reflejan unas puntuaciones más bajas en las pruebas de habilidad verbal, comprensión.
  • en las destrezas de matemáticas y lectura.
  • presentan problemas de memoria
  • la motivación para aprender disminuye, dejando sus tareas incompletas
  • se le dificulta prestar atención, interfiere con la adaptación escolar y los logros académicos causando inclusive que puedan repetir el grado escolar.

Es impactante ver como el comportamiento de la niñez que están expuesta a la violencia familiar, se manifiestan en la adultez. La niñez que se cría en este ambiente podría interpretar que el mundo no es seguro y que él no es valioso. Clima familiar violento tiene grandes repercusiones en la autoestima de los niños. Pueden desarrollar ansiedad, depresión y síndrome de estrés post traumático (PTSD). Teniendo modelos agresivos en su hogar pueden desarrollar;

  • conductas impulsivas.
  • pobre regulación emocional.
  • pierden el control emocional y atacan a otros.
  • conductas agresivas y mal adaptativas.
  • manifiestan mucho coraje.

 

Otros problemas que pueden estar presentando nuestros niños son:

  • problemas de conductas
  • dificultades en establecer relaciones sociales con los pares en la escuela.
  • pueden desarrollar conductas antisociales, aprendiendo a relacionarse agresivamente y en un modo malintencionado.

 

Todas estas conductas observables en la niñez pueden repercutir en:

  • trastornos antisociales,
  • podrían llegar a ser unos adultos manipuladores, astutos, mentirosos, engañadores, calculadores, sin empatía y sin introspección.

 

Los estos niños/as que han tenido modelos violentos en su hogar, pueden llegar a repetirlos en su edad adulta. Es imprescindible estar alerta a estos comportamientos y buscar ayuda con:

  • Un profesional de la salud
  • Psicólogo
  • Psicólogo escolar
  • psiquiatra
  • trabajador social.
  • Psicólogo consejero
  • Otros que observan estos comportamientos pueden llamar a la línea PASS
  • Procuradora de la mujer.

 

En las escuelas pueden canalizar estas ayudas que necesitan nuestros niños., trabajando la prevención con la educación emocional, educando a las futuras generaciones en habilidades como la empatía, la resolución de conflictos interpersonales, el manejo de los sentimientos y emociones.  Además, trabajando el control de la ansiedad, la toma de perspectiva y estrategias comunicativas, estaremos preparando a nuestra generación para el éxito, entendiendo este como un elemento que contribuye a una mayor calidad de vida.

 

Podemos prevenir tener adultos disfuncionales y maltratantes.  Urgentemente necesitamos atacar este terrible mal que nos está arropando y destrozando nuestra calidad de vida.

¡Queremos niños y adultos emocionalmente saludables, logrando un país saludable y de paz!